Método de taller
Aquí no hay pasos decorativos: contamos qué pasa entre la elección del tablón y el embalaje, qué se puede ajustar y qué no, y en qué momento conviene medir el hueco de la escalera antes de confirmar un pedido.
No hay dos piezas iguales, pero sí un orden de trabajo que repetimos desde el primer tablón hasta la entrega. Estas son las etapas reales, con lo que ocurre en cada una y lo que conviene tener resuelto antes de seguir.
Etapa 1
Todo empieza con una cinta métrica y una foto del espacio. Antes de hablar de roble o nogal, pedimos el ancho libre, la altura hasta el techo y el paso de la escalera si el mueble sube a un piso. Una mesa de comedor de 180 cm puede ser perfecta en el salón y no entrar por el rellano. Esa comprobación evita devoluciones y ajustes de última hora.
Etapa 2
Con las medidas claras, revisamos qué hay en el almacén. Trabajamos con tablones secados al aire durante dos años, y eso marca el comportamiento de la pieza: menos movimiento, veta más definida. Si el roble está en lista de espera, lo avisamos antes de confirmar y proponemos fresno o nogal como alternativa con carácter distinto.
Etapa 3
Aquí es donde la pieza toma forma. Los ensambles de caja y espiga se marcan a mano, se cortan con formón y sierra, y se prueban en seco antes de encolar. En estanterías y taburetes añadimos clavijas de madera para que no aparezcan herrajes metálicos a la vista. Cada unión se repasa hasta que encaja sin forzar.
Etapa 4
Aplicamos aceite de linaza en varias manos, dejando secar entre capas. El resultado es un acabado mate que se puede repasar en casa con un trapo y lija fina si aparece un rayón. Antes de embalar, cada pieza sale con su ficha: medidas reales, especie de madera, número de tablones y tiempo de entrega estimado.
Etapa 5
Las piezas grandes viajan protegidas con cartón rígido y esquineros de madera. El carrito calcula el porte según el volumen total del pedido, no por peso, porque una mesa ocupa mucho aunque no pese demasiado. Si el envío va a un piso sin ascensor, lo indicamos al cerrar el pedido para ajustar la logística.
No hay un catálogo cerrado que se compra y se envía. Cada mueble arranca con una conversación sobre el hueco real, la especie de madera y el uso que va a tener. A partir de ahí el proceso sigue un orden fijo, con tiempos que dependen de si el tablón está en el taller o en lista de espera.
Nos cuentas qué pieza buscas y para qué espacio. Pedimos ancho, alto y fondo disponibles, el ancho de la escalera o del ascensor y si hay rodapiés o radiadores que condicionen la colocación. Con esos datos descartamos opciones antes de hablar de madera.
Revisamos qué hay disponible en roble, nogal o fresno. Si la especie está en lista de espera, lo avisamos antes de confirmar nada. Te enviamos fotos del tablón concreto, con su veta y sus nudos, para que sepas qué madera va a llegar a tu casa.
Antes de cortar, cerramos una ficha con medidas reales, especie, tipo de ensamble y acabado. Ahí quedan escritos el plazo estimado y las condiciones de entrega por volumen. Nada entra al banco de trabajo sin esa ficha revisada por las dos partes.
Trabajamos con ensambles de caja y espiga, sin tornillos a la vista. El acabado se aplica al aceite en varias manos, dejando secar entre cada una. Es un proceso lento, pero permite que la pieza se repase en casa con un trapo y lija fina cuando aparezcan marcas de uso.
Antes de salir, cada pieza se mide otra vez y se compara con la ficha. El embalaje se calcula por volumen, no por peso, porque una mesa ocupa más de lo que pesa. Las piezas desmontables viajan con las clavijas numeradas y las instrucciones dentro de la caja.
Al recibir, conviene revisar la veta y las uniones con luz natural. Cualquier duda sobre el repaso del aceite o el montaje se resuelve por mensaje. Con el tiempo la madera se oscurece y gana carácter; eso es parte del proceso, no un defecto.
Si quieres ver cómo se aplica este orden en una pieza concreta, revisa la mesa de comedor en roble macizo o escríbenos por la página de contacto para empezar por la etapa 01.