Un taller que empezó con dos tablones de roble y una libreta de medidas

Katumati nació en un cuarto pequeño con una sierra de mano y un banco prestado. Antes de vender una sola mesa, ya teníamos la costumbre de anotar cada corte, cada especie y cada tiempo de secado en una libreta que todavía guardamos. Esa manía de apuntarlo todo es la que hoy sostiene el catálogo: piezas de madera maciza con ficha real, sin promesas que no podamos cumplir en el banco de trabajo.

Cronología del taller

De un banco prestado a un catálogo con ficha técnica

No hubo un plan de negocio colgado en la pared. Hubo tablones, un banco de trabajo heredado y la manía de anotar cada medida antes de cortar. Estos son los momentos que explican por qué hoy cada pieza sale con su especie, su medida real y un tiempo de entrega que intentamos cumplir.

  1. 2016

    Primer tablón de roble secado al aire

    Compramos tres tablones a un aserradero de la sierra y los dejamos apilados con listones durante dos años en un cobertizo. Aprendimos ahí que la madera manda: si no esperas, la tapa se abre sola en el primer invierno.

  2. 2018

    La primera mesa que cruzó una escalera

    Un cliente midió el hueco antes de encargar y la mesa de 180 cm entró justa por el rellano. Desde entonces cada ficha lleva el ancho del tablón más grande, no solo las medidas totales. Fue el cambio más útil que hicimos en el catálogo.

  3. 2020

    Ensambles de caja y espiga sin herrajes a la vista

    Dejamos los tornillos para las piezas auxiliares. Las estanterías de piso y los taburetes empezaron a montarse con ranura, clavija de madera y espiga pasante. Tarda más, pero una unión así se puede repasar décadas después sin desmontar el mueble.

  4. 2022

    Acabado al aceite y repaso en casa

    Cambiamos los barnices por aceite de linaza y cera. La razón es simple: un rayón en la mesa de comedor se arregla con lija fina y un trapo, sin taller ni transporte. Explicamos el proceso en cada entrega y enviamos una pequeña muestra de aceite.

  5. 2024

    Carrito con porte por volumen y lista de espera

    El carrito calcula el porte por volumen, no por peso, porque una estantería de nogal ocupa mucho y pesa menos de lo que parece. Si una especie está en lista de espera, avisa antes de confirmar el pedido. Preferimos decir que no hay madera a enviar una pieza con prisa.

Quién está detrás del banco de trabajo

Katumati no nació de un plan de negocio, sino de una mesa que sobraba en un piso alquilado. Entre tres personas repartimos las tareas del taller: una corta y ensambla, otra afila y da aceite, y la tercera mide, fotografía y escribe cada ficha de producto. Ninguno venimos del diseño de interiores; venimos de la carpintería de barrio, de la restauración de muebles viejos y de la manía de no tirar un tablón si todavía tiene veta útil.

Marta Ruiz

Ensambles y estructura

Doce años cortando caja y espiga en un taller de restauración antes de montar el suyo. Se encarga de que cada estantería de piso aguante el peso real y de que las patas de las mesas de comedor no bailen en suelos irregulares.

Iván Peralta

Acabados al aceite

Trabajó seis años en ebanistería fina y es quien decide cuántas manos de aceite de linaza lleva cada pieza de nogal o fresno. También prueba el repaso en casa: lija fina, trapo y paciencia, sin barnices que obliguen a devolver el mueble al taller.

Nuria Sanz

Medidas, fichas y envíos

Antes trabajaba en logística de mobiliario y sabe lo que pesa un tablón de roble de 180 cm. Redacta las fichas con medidas reales, calcula el porte por volumen y avisa cuando una especie entra en lista de espera por sequedad insuficiente.

Nos organizamos por lotes pequeños: no arrancamos una mesa hasta tener el tablón secado al aire al menos dos años, y no publicamos una pieza sin haberla medido dos veces. Eso alarga los plazos, pero es la única forma que conocemos de que quien compra un mueble de madera maciza sepa de antemano si cabe por su escalera.

Si quieres ver cómo trabajamos o pasar por el taller, escríbenos a info@katumati.com o llámanos al 909357368. Estamos en Passeig Serrano, 665, 8º C, 80324, As Armas.

Historia del taller

De un banco de trabajo prestado a un catálogo con ficha técnica propia

Katumati empezó en un garaje con dos tablones de roble mal secados y una sierra de mano heredada. Los primeros encargos fueron taburetes para vecinos: piezas pequeñas, medidas simples, entregas a pie de portal. Aprendimos rápido que la madera manda, y que un tablón mal curado arruina cualquier ensamble por bien cortado que esté.

Con el tiempo llegaron las mesas de comedor y las estanterías de piso. Fue entonces cuando decidimos que cada pieza saldría del taller con su ficha: especie, medidas reales, tiempo de entrega y una nota sobre si conviene medir la escalera antes de confirmar. No es burocracia, es sentido común cuando vendes muebles que pesan.

Primera etapa

Aprender secando tablones

Los primeros dos años los dedicamos casi en exclusiva a entender el secado al aire. Perdimos piezas, rehicimos ensambles y cambiamos de proveedor tres veces hasta dar con roble y nogal que no se movieran después de cortar.

Segunda etapa

El acabado al aceite como norma

Dejamos los barnices porque obligaban al cliente a llamarnos para cualquier rayón. El aceite de linaza permite repasar en casa con un trapo y lija fina. Fue una decisión práctica, no estética, aunque también se note en la veta.

Tercera etapa

Catálogo con porte por volumen

Cuando empezamos a enviar mesas fuera de la ciudad, el carrito dejó de ser una lista y pasó a calcular porte por volumen y avisar si una madera está en lista de espera. Así nadie paga sin saber cuándo llega ni cuánto ocupa.

Hoy seguimos siendo un taller pequeño. No tenemos línea de producción ni stock en almacén: cada mesa, estantería o taburete se corta cuando se pide. Eso alarga los plazos, pero también significa que puedes preguntar por la veta concreta de tu pieza antes de que la cortemos.

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